Advertencias del amor que tendrían que haberme dicho antes de enamorarme.

En cada etapa de la vida hay fallos y aciertos, ganancias y pérdidas, deudas y, bueno, más deudas. Especialmente en la etapa en la que comenzamos a lidiar con el amor, más o menos entre los 15 y 30 años y ojo, que no decimos que sea la única etapa para enamorarse pero es aquí donde recibimos las enseñanzas más significativas para que en edades posteriores seamos los hombres y mujeres maduros que pueden jugar el rol de una pareja adecuada.
Eso si no perdemos la cordura y llenamos la casa de gatos.

En cualquier caso errar es de humanos y no está mal fallar de vez en vez, pero hay situaciones en las que maldecimos al cosmos no habernos advertido de algunos peligros que implican enamorarse. Porque los hay, ¡los hay por montones! ¡Huyan! ¡Y no se acerquen jamás! Pero sabemos que es imposible que no caigan en este juego enfermizo. Somos como mosquitos atraídos a una luz mata insectos y muchos ya nos achicharramos y lo seguiremos haciendo, ya saben, porque el amor es hermoso.

Por ende aquí les presentamos tres advertencias que tuvieron que darles antes de enamorarse, o sea que ya no les sirven de mucho pero pueden leerlas y advertir a alguien más.

 

1-Deception is Coming.
¿Cómo le dices a un niño o niña que el maravilloso mundo Disney no existe? A todos nos hubiese gustado que desde críos nos advirtieran sobre los peligros del amor, concretamente que a veces te hace querer arrancarte el corazón a navajazos porque existe algo llamado infidelidad y que no todo es color de rosa, tal vez es color crema, color marrón, demonios, incluso color lila ¿pero rosa? Ni hablar. Sin embargo si somos lo suficientemente valientes es gracias a nuestros numerosos tropiezos que nos han enseñado a ser fuertes. Ni modo, a falta de una máquina de leer mentes tocará ensuciarse las manos.

2-Merecer no es igual a querer.
Vaya título más obvio ¿no? ¡Pues no! Dado que no nos damos cuenta de ello hasta que pasamos por treinta y tres novios (as) que nos tratan a punta de latigazos y aun así los vemos como enviados de Dios a hacernos felices.
La cosa es que encapricharse no deja nada bueno, sobretodo en la juventud, en donde somos más vulnerables, ingenuos y tontos. Cómo me hubiera gustado que alguien me dijera que aquella cita por correspondencia en realidad era un cincuentón en busca de mi número de cuenca bancaria que se hacía llamar Sasha.
Maldita, yo la amaba…

3-No es el centro de tu vida.
A todos nos emociona nuestra primera cita y nuestro primer amor. En casos como el mío hacen que la vida sea menos desagradable, porque claro, en cierta etapa de la relación le aportamos toda nuestra existencia y dejamos de lado pequeños detalles igual de importantes como la escuela o la familia, lo que resulta en que ni siquiera tus amigos te vuelvan a ver el polvo. Desde entonces mi madre ya no me mira con los mismos ojos, ya ni siquiera me dirige la palabra. Ojalá hubiera podido leer un top como este antes de ganarme todo su desprecio. Creo que ya me ha desheredado…

 

 

 

 

 

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